Jahel Figueroa Arenas

Por fama y canciones, muchos pensarían que la calle más famosa de Cali es la Calle Quinta, aquella que atraviesa la ciudad de sur a norte, o de norte a sur, como quiera verlo un caleño promedio que solo distingue esos dos puntos cardinales para referirse a cualquier ubicación en la ciudad.

Sin embargo, hay una calle mucho más recordada, mucho más anhelada y con más historia que la Calle Quinta: la Avenida Sexta. En especial, aquella porción que recorre el norte de la ciudad, desde el Teatro Calima, pasando por los múltiples establecimientos comerciales que la bordean, hasta la zona residencial que se extiende hacia la Calle 70, conectando el norte con el oriente de Cali.

Hace varias décadas —antes de que ocurrieran muchos cambios en la ciudad, incluso antes del Bulevar del Río— la Avenida Sexta era el punto de encuentro de los caleños, la zona rosa de una Cali que, por entonces, en los años 90, contaba con poco menos de dos millones de habitantes (hoy nos acercamos a los tres millones). Hace unos días, en una reunión de amigos, hicimos remembranzas y todos coincidíamos en la importancia que tuvo la Avenida Sexta para la cultura caleña de aquella época.

Llegar al sector donde se congregaba un pequeño grupo de artesanos frente al Teatro Calima —que para entonces era una novedad—, comprar “pulseritas”, “mecatear” en el Sándwich Cubano o en Punto 19, rematar con un helado de Dari acompañado de sus exquisitas papas a la francesa o en Ventolini, y terminar con alguna compra olvidada en La 14 de la Avenida Sexta, era un plan que no cansaba y en el que cabíamos todos. Al fin y al cabo, la calle es pública y caminar es gratis. Todo eso, por supuesto, amenizado con la música de los locales comerciales, tiendas y boutiques bien dispuestas para el público que frecuentaba la zona.

Otro deleite era visitar las salas de cine, un plan imperdible para los caleños que hacían fila sobre la acera, recibían la muestra “gratis” del amigo manicero —“¡Manimanimani!”— y compraban crispetas con gaseosa. Salir de la función y caminar por la vía llena de luces y color era una forma de rendir homenaje a la Avenida Sexta, que entonces vivía su esplendor.

Con el crecimiento de Cali, la Avenida Sexta dejó de ser la zona rosa por excelencia. La oferta gastronómica y de rumba se expandió hacia el norte, el sur y el oeste; el Bulevar del Río llegó para quedarse, y las formas de entretenimiento de quienes nacimos aquí fueron cambiando. El helado, las compras e incluso la artesanía pasaron a concentrarse en un solo lugar: el centro comercial. Por alguna razón, los caleños nos volvimos de entretenernos encerrados, y todo empezó a parecernos más cómodo y más seguro… supuestamente.

Así fue quedando relegada y un poco en el olvido la querida Avenida Sexta, que además se transformó en una zona de actividad nocturna, ya no tanto familiar.

Actualmente recorro el sector como buena “norteña” que soy, y es que uno no puede hablar de la ciudad en la que vive si no la camina: de norte a sur, de oriente a occidente. Paso por la Avenida Sexta caminando o en carro, de día o de noche, y soy testigo del deterioro de la que alguna vez lucía impoluta, limpia y tranquila. Bien valdría la pena volver a poner los ojos, el corazón y la razón en la Avenida Sexta: recuperar su espacio público, su seguridad, su infraestructura, por el bien de los comerciantes que hoy hacen un enorme esfuerzo por mantener sus establecimientos.

Recomiendo, por ejemplo, no saltarse la parada en Spizzica, para disfrutar una deliciosa porción de pizza y de la brisa caleña; visitar El Romano, un restaurante que abrió sus puertas en lo que antes era Balocco, con una carta variada y sabrosa; o probar el arroz con leche de Picos, simplemente exquisito.

Seguimos buscando calles que nos identifiquen en nuestra idiosincrasia y, como no las tenemos, nos las inventamos. Por eso existe la Calle del Sabor, con éxito rotundo. Alguna vez soñamos con que Cali tuviera algo similar a Las Ramblas de Barcelona o a la Quinta Avenida de Nueva York.

¿Y si nos soñamos una Avenida Sexta rejuvenecida y dedicada a lo que más nos caracteriza? La salsa sería un gran aliciente para esta calle: una extensión de una gran ciudadela salsera, un recorrido histórico, musical y comercial que dinamice la zona.

Semejante título, “La capital de la salsa”, exige que Cali lo sea de verdad. Ya es hora de hacer realidad lo que muchos han dejado sobre el papel: la recuperación de la Avenida Sexta.

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